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Lámpara de aceite

lámpara de aceite árabe

Bullicio, jaleo y ruido recorren las estrechas callejuelas del Kahn al Kalili, personas de todo el mundo iban de aquí para allá, los mercaderes con sus cargamentos, los comerciantes promocionaban sus productos, el sonido del continuo regateo sumido en los olores de incienso y jabón, y yo, allí, expuesta en uno de esos tenderetes a la espera de que algún transeúnte se fijara en mi.

Y así fue como un viajero me adquirió, recorrí Egipto a lo largo de todo el Nilo para finalmente iniciar un largo viaje hacia España donde la oscuridad se cernió en mi dentro de un solitario baúl escondido en El Desván del Mundo.

Aquél viajero, años después, como ya no podría viajar por algún tiempo, se dedicó a catalogar a todos los que estábamos allí, volvía a estar a la venta y por fin alguien se percató de mi existencia: ¡voy a cambiar de manos!

Mi tamaño es pequeño, pero a la vez elegante y discreto, guardo en mi el misterio de leyendas orientales, la magia de los sueños de culturas que llegaron a dominar medio mundo conocido, el detalle de las formas que inspiraron quizá obras mucho más grandes. Aspiro a ser custodiado con el saber de dónde vengo y con mi presencia ser testigo de un pequeño rincón que aporta al mundo lo que en esencia es: un detalle, un aroma, un toque.

Ojalá algún día puedas visitar el lugar de donde provengo, su historia ancestral, su presente cautivador y su futuro prometedor. Ojalá puedas disfrutar de Egipto, mi tierra.

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